viernes, febrero 16, 2007

Yo te lo explico, aunque no lo entiendo

¿Qué beneficio le reporta al Tiburón Cántabro que España se convierta en una Confederación de "nacioncitas" que dificultarán la extensión de sus editoras?
(del hilo: Que me lo explique porque no lo entiendo).

- Por ansias de poder. Aunque se trate de un poder efímero.
- Por malignidad.
- Por estupidez.
- Por ánimo de venganza.

A lo largo de los últimos 30 ó 40 años hemos visto como las barreras que nos aislaban del exterior han ido cayendo, pero al mismo tiempo también hemos visto surgir teóricas (y no tan teóricas) fronteras interiores, a causa de que las sucesivas generaciones han venido siendo formadas atendiendo a vengativas y estúpidas diferencias locales. Diferencias opuestas a cualquier ligamento o empresa común nacional.

Muchos fundan la aversión hacia la común identidad y sus símbolos como reacción a su empleo por los chovinismos no menos atávicos de la dictadura, ligándolos en la búsqueda de su propio paraíso y a centurias anteriores. Yo no estoy muy seguro de ello y, en cualquier caso, esa responsabilidad correspondería a nuestros padres o abuelos.

Pero... estamos en nuestro tiempo y no podemos desprendernos de nuestra propia responsabilidad. Ya no estamos en el patio del cuartel y, no obstante, desde la extinción del Régimen acá nadie ha sido capaz de emitir una sola idea que dignifique y consolide entre sus contemporáneos el sentimiento nacional, el de proyecto y labor conjunta. Han estado muy entretenidos los unos intercambiando cromos, consejerías, prebendas y los otros, escurriendo el bulto.

Yo no reniego de la parte de responsabilidad que me toca en el asunto, pero aunque trate de pergeñar aquí esa idea, me sobran palabras y me falta inteligencia.

Para erradicar el repudio a la identidad propia, a los valores que sin ninguna duda posee la nación como conjunto, es precisa una mínima formación cultural y moral de los individuos. Pero en cambio durante décadas los sistemas educativos han tendido a que lo mínimo sea insignificante.

Hoy, en el País Vasco, es imposible conseguir que los alumnos reciban formación académica en idioma español si no es recurriendo a centros educativos privados. Otro tanto ocurre en Cataluña; Galicia le sigue los pasos y a poco que se lo propongan, en Andalucía se inventarán un idioma propio y decretarán que como prenda de obligatorio uso la chilaba.

En los primeros cursos educativos (que son precisamente los más críticos) el conocimiento del medio versa sobre el Urumea, el Bidasoa y el Oria. No interesa para nada ni el Segre, ni el Ter, ni el Noguera Pallarés... ¡De historia ni pregunten! Resulta desalentador tocar superficialmente cualquier tema de literatura o filosofía con la mayoría de estudiantes de secundaria. El Arte es eso que hace la Bardem y el Almodóvar. Los clásicos son los Rollings Stones o, si me apuran un poco, Lynyrd Skynyrd.

Adoctrinada desde la más tierna infancia, contamos con una multitud adocenada, lista para aceptar las más disparatadas teorías. Nunca nadie les ha explicado qué es y fue España. Por interés, se guardarán mucho de explicarle en qué terminan los programas que hacen diferencia entre los naturales de Orio y los de Galapagar de la Sierra.

Es como si las ramas del árbol pretendiesen separase del tronco y aquél renegase de las raices. Ninguna de las partes de tal árbol pueden sobrevivir por separado y, mucho menos, conseguir tener las características de aquél.

Es paradójico que siendo hoy obligatoria (y cuasigratuita) la enseñanza hasta el ciclo secundario, el nivel de incultura sea en términos relativos superior al de generaciones anteriores, que se limitaban prácticamente al aprendizaje de las “cuatro reglas”.

La incultura impide a los individuos ser libres. Porque no es libre aquél que no posee noción de lo que es la libertad.

En esta tesitura es imposible hacer comprender a analfabetos funcionales que significa el verdadero patriotismo, lo que representan los símbolos nacionales, la necesidad de asumir el esfuerzo y cooperación comunes. Ya son de la secta y es poco menos que imposible sustraerlos su maléfica influencia.

Por eso no pueden comprender (ni lo comprenderán) que hayamos pasado en poco menos de cuarenta años del subdesarrollo a ocupar la séptima posición en la escala económica mundial. Una evolución notable si pensamos que no contamos con recursos naturales ni industriales relevantes ¿Qué no podríamos hacer si dispusiéramos de yacimientos minerales- fósiles de importancia o contásemos con potentes industrias?

El principal bien de una nación son sus individuos. De ellos dependen las iniciativas para lograr los recursos de desarrollo suficientes, no del gobierno ni del dictador de turno. Si mantenemos a los individuos sujetos a fábulas locales entonces, de nuevo, tendremos entre nosotros la escasez, la pobreza, las calamidades y a los abusos del poder.

¡Pues de eso se trata! Poder.

Para mantener el poder la casta dirigente nos educa deficientemente, nos mantiene mirando hacia el erial y nos alienta a reclamar diferencias cuanto más locales mejor. Es el viejo juego del divide y vencerás.

Esto no son teorías en modo alguno. Sufrimos hoy los efectos de ese nefasto sistema educativo a través -principalmente- de la generación de los años setenta. Resulta penoso escuchar a los políticos y deprimente constatar que una gran mayoría de la masa de la nación es descreída, inculta y falta de valores morales y cívicos.

Así no resulta extraño que la casta política parezca estar formada por orates dispuestos a emular el “gran salto hacia adelante” o la “revolución cultural” de Mao.

Puesto que la mayoría de los individuos tienen su misma precaria formación, les siguen embelesados, como si el duro trabajo diario de colocar, uno tras otro, los ladrillos que cimenten sólidamente el futuro de la nación pudiera ser sustituido por ideas banales o por los resultados de la liga futbolera.

Lo que en realidad toda esta gente anhela -y no lo sabe porque nadie se ha detenido a explicárselo- es un sistema de gobierno liberal en el que los sistemas de control y presión se reduzcan a la mínima expresión pues, si la injerencia estatal es mínima ¿quien precisa a los nacionalismos?

Y lo más ridículo de todo es que nadie cuenta con que si tales fuerzas centrífugas acaban en implosión, ninguna será viable (al menos viable en el sentido de preservar las libertades personales) porque faltaría lo más importante: la financiación de los caprichos localistas. Llegados a ese punto de ruptura, cada una de las nuevas nacionalidades emergentes tendrían el mismo peso económico y político a nivel mundial que pueden tener hoy Guinea Ecuatorial o Senegal.

Ningún sentido práctico ni económico guía a los independentistas ni avala el ideario (si es que tienen alguno) de quienes abjuran de la nación. Son unos personajes ridículos, jugando ser los hijos de Witiza y dispuestos, como aquéllos, a permitir la invasión musulmana con tal de vengar pueriles afrentas a sus locas ideas y sueños localistas

¿Qué no ven afrentas en todas partes? ¡Yo no soy un ciudadano normal! se escuchó estos días por Maketonia.

Al igual que en los tiempos visigóticos, otra vez el islam amenaza nuestra integridad. Otra vez nos encontramos enzarzados y dispersos en absurdas disputas locales e, igualmente, seremos dominados por el totalitarismo fanático religioso.

Como ocurrió entonces, las elites han venido propiciando esta situación a causa de intereses tan particulares como pueriles y serán los primeros en sufrir las consecuencias más desagradables. Asimismo, los cómodos, los cobardes y los pusilánimes sufrirán también una opresión para la que no se hallan preparados en modo alguno. No les tengo lástima, se lo merecen.

Sólo los convencidos sobrevivirán. Pero lo harán como antaño; de una forma muy dura y guerreando contra los unos y los otros. Con toda probabilidad habrán de transcurrir algunas centurias hasta que todo vuelva a su cauce... ¡Y vuelta a empezar con Aitor y los maketos del paraíso!

¡Qué verde era mi Kantauri Republika Askatuta!

sábado, mayo 27, 2006

Lo esencial de las esencias

El otro día, a propósito de un debate abierto en el foro respecto a las diferencias existentes entre las regionalidades, sus modos de comportamiento y vida, intervine con un largo comentario que coloco aquí ahora.

“Yo ya comprendí perfectamente el comentario de Tellagorri (tanto el privado como el público) respecto a que no se trata -o no se quiere tratar- de enfocarlo bajo la lente de lo racial, sino respecto a esencias diferenciadoras. Bien, hasta ahí llegamos ¿de acuerdo?

Ahora es el momento de realizar las preguntas adecuadas: ¿En verdad pesan tanto las esencias diferenciadoras? Y lo más importante ¿son necesarias?

La línea que separa los conceptos (si es que existe tal línea): esencia local diferenciadora v.s singularidades raciales es muy tenue.

Todo ovillo empieza por un cabo y termina en otro. Surge el problema o la confusión cuando al tirar del extremo inicial nos topamos con un nudo y se lía la madeja. Así, de esa forma, las mayores atrocidades y desafueros que a lo largo de la historia se han perpetrado sucedieron a causa de, o bien esencias locales diferenciadoras, o de credos religiosos. Asimismo la mayoría de nacionalismos parten del mismo razonamiento: “el hecho diferencial”, bien sea antropológico, cultural o basado en ciertos pintoresquismos locales.

Además, algunos contertulios -por lo que he podido leer aquí hasta ahora- ostentan una serie de prejuicios o tópicos que no se corresponden en absoluto con la realidad: los andaluces son lasos; los catalanes trabajadores; los mediterráneos apasionados; los gallegos taciturnos... Miren ustedes, el hombre desciende del mono y el mono desciende del árbol.

Queremos, además, sustentar tales supuestos a través de hechos históricos, cuales son la emigración masiva de vascos a otras latitudes en razón a las empresas más o menos arriesgadas de épocas pasadas, etc, sin reparar que quizá (por lo que a los vascos se refiere) tales empresas se realizaron a causa del nefasto sistema del mayorazgo: uno hereda todo y el resto a buscarse la vida como buenamente pueda. Hablamos -es importante tenerlo en cuenta- de épocas en las que los hijos eran concebidos como fuerza de trabajo para apoyar a la familia en las labores agrícolas y ganaderas.

Ese supuesto hoy ni tiene lugar ni se contempla. Puede ser un punto de solaz gratificante -para quien así quiera estimarlo- describir o magnificar el arrojo al que se veían forzados un buen número de vascos para buscar la subsistencia por cualquier método. Sí, puede serlo, siempre que no pierda de vista el hecho de que tales personas se veían abocadas a la aventura por no tener más caudal que el obtenido a través del trabajo manual.

Pero esa no es una singularidad específica de vascos ni de gallegos, ni de nadie. Baste recordar que en nuestros tiempos ha habido numerosos compatriotas que para poder subsistir hubieron de desplazarse a los cinturones de las ciudades industriales; que fueron tratados poco menos que como ganado y alojados en barrios marginales donde el chabolismo ha sido hasta no hace mucho una lacra. Tampoco hay que olvidar que -contemporáneos nuestros- los temporeros andaluces han vivido bajo un estado de semi- esclavitud cíclico; o que naturales de esas comunidades, ante las escasas perspectivas de sobrevivir dignamente en sus regiones, se viesen forzados a aceptar el desempeño de funciones que al resto no nos eran ni son gratas: soldados, policías, serenos, etc, etc.

De esta forma el tópico, el prejuicio, es lo fácil. Pero asimismo peligroso.

Por aceptar tácitamente que el “sabor” particular de nuestro pueblo es “singular” y no compartido por andaluces y extremeños, numerosos estetas del aroma permanecieron impasibles mientras se asesinaba casi impunemente a los del sabor y olor diferente. No eran sino otra cosa que mano de obra barata, fácilmente reemplazable, que curaban sus penas a base de palmas y fandanguillos.

Yo lo siento mucho, pero no van a encontrar en mí apoyo para sustentar parecidas tesis, ni siquiera de refilón.

Miren, cada vez que camino por las calles de mi ciudad, cuando me asomo al balcón o padezco un atasco de tráfico en Bilbao, San Sebastián, Sevilla o Valencia, sólo veo personas. No sé lo que verán ustedes o lo que captarán sus papilas olfativas. Yo solo veo y percibo a GENTE COMO YO.

Cuando un obrero de la construcción se cae del andamio; cuando un policía o militar es asesinado; cuando un concejal es acosado, yo sólo veo a ciudadanos que sufren tal suerte porque quizás no tuvieron la suerte o los medios de promocionarse profesionalmente como yo lo hice y, a causa de ello, desempeñan funciones que ni yo ni ustedes estaríamos dispuestos a realizar.

Particularmente me es indiferente que unos se emocionen ante espectáculos en los que se levantan enormes piedras, cortan gruesos troncos; o en los que se bailan jotas, se cantan bulerías o fandangos. Yo sólo veo personas. Personas todas ellas con sus particulares grandezas y miserias.

La idiosincrasia particular de cada uno le es propia, y por mucho que en ella se regodee, no es merecedora de ser clasificada en compartimento estanco alguno. La sensibilidad (por darle algún nombre) que pueda poseer un baserritarra guipuzcoano es diferente a la de sus homónimos alaveses y navarros y quizá bastante diferente a la que pueda ostentar el labriego castellano o el jornalero andaluz, pero ¿cual de ellas es más importante? ¿cual es merecedora de mayor consideración?... Ninguna.

Si en algún punto de nuestra evolución personal hemos llegado a considerar que aquéllo que realmente importa es la libertad y la igualdad ante la ley, habremos de ser honestos y convenir que buenos son los olores y sabores puertas adentro de nuestra casa, pero en extremo perjudiciales para la común convivencia. No hay mejor disolvente para tal convivencia que la exhibición pública de denominaciones de origen.

Las denominaciones de origen funcionan muy bien hoy en el País Vasco y en Cataluña. Empezamos a tirar de un cabo y terminó liándose el ovillo.

¿Qué no es una cuestión racial? ¿Entonces de qué estamos hablando? ¿Estamos en disposición de afirmar que en base a esos pendolismos no se ha asesinado, extorsionado y marginado a nadie en el País Vasco?

Asunto distinto sería que el debate se enfocase en la línea de preservar determinados rasgos culturales que así lo merezcan (y compartirlos). Pero fundamentarlo en la imposibilidad de entendimiento entre los oriundos de las diferentes regiones españolas me parece un camino equivocado y estéril. Es más: se trata del camino escogido por nacionalistas y separatistas.

Yo respeto todas las opiniones. Unas las comparto y otras nunca las suscribiré. En especial aquélla que concluye: cómo no eres de aquí, nada tienes que decir. Cómo no eres de aquí, tu olfato impide captar la grandiosidad de mi aroma.

Oigan ustedes, “TODOS SOMOS DE AQUÍ” ¿o es que vamos a volver a las castas y subcastas? Porque, de ser así, no estamos tan lejos como creemos del pensamiento de Sabino ni del de sus discípulos pasados y modernos.

Puedo entender y compartir que, de puertas adentro de nuestra casa, ninguno estemos por la labor de consentir ingerencias ni críticas respecto al modo o usos de vida doméstica, hábitos y demás liturgia privada: eso que aquí se denomina eufemísticamente como ESENCIA. Pero el meollo sobre el que viene dando vueltas este amplio comentario no es ese. Ni puede serlo.

En algún momento no tan lejano de nuestra historia, a finales del siglo IXX, el tribalismo agrario cedió paso a la industria. Tenía que ser así, porque lo obsoleto, como los edificios mal construidos, termina siempre por derrumbarse.

Las prospecciones mineras en las Encartaciones comienzan a forjar algunas grandes fortunas. El mineral se exporta a Inglaterra y sus beneficios capitalizan la naciente industria. Es la época en la que algunos apellidos pasan a formar parte del “libro grande”: Ybarra, Lezama-Leguizamón, Echavarrieta, Chávarri y tantos otros que podría seguir citando.

La magnitud de la empresa ya consumió toda la mano de obra autóctona posible y precisa del bracerío de otros hombres y mujeres que vienen de otras tierras en busca del pan que no pueden conseguir en las suyas. Hombres y mujeres castellanos, andaluces, gallegos, extremeños que llegan a nuestra comunidad como hoy lo hacen los que cruzan el estrecho en patera. Hombres y mujeres esclavizados por el trabajo y sometidos a la rapiña de los economatos, en los que adquieren el alimento preciso, sin protestar por el precio tasado a capricho del capataz o del cantinero.

Capataces y cantineros que viven precisamente de la extorsión y rapiña a costa de los peones foráneos que no tienen elección, porque si no compran en la cantina pierden el trabajo en la cantera. Capataces y cantineros que deben sus fortunas a los patronos: el jornal no se paga por semanas, sino por meses, y ésto obliga a los trabajadores “sin esencia” a vivir de forma permanente a crédito.

Adelantados de los no tan lejanos temporeros, laboran en jornadas de sol a sol y viven en los reductos de la explotación, hacinados en barracones no aptos siquiera para albergar a las bestias del campo.

Mientras, los patronos, se dedican a actividades menos prosaicas: cambalachean con la Company Town o con la Truck System, o se dedican a la compra de votos para sus amos políticos. Al lado del amo la ley, y con la ley los fusiles de la Guardia Civil...

¿No entienden de qué va esto? Es fácil: vinieron, sobrevivieron, se quedaron... pero, lástima: no perciben la esencia. Mientras los apellidos no se diluyan, mientras alguien pueda recordarles el lejano o próximo pasado de sus ancestros nunca percibirán el aroma de la esencia.

Los nuevos amos nos dicen desde hace décadas que hay que retornar a la esencia ¿Pero qué esencia? ¿a la esencia de la pobreza y fatigas del baserritarra cargado de hijos que laborea el exiguo terruño? ¿a las esencias de la explotación del hombre por el hombre? Nos sentimos orgullosos de “tener” una esencia diferenciadora sin reparar en que podemos alardear de ella simplemente al haber nacido en un lugar denominado Vascongadas por mero accidente.

¿Piensan acaso ustedes que el resto de compatriotas no poseen sus propias esencias? ¿No se han parado a analizar que por mor de tales aromas quizás nos consideren inferiores a ellos? ¿piensan ustedes que el pistolerismo separatista hubiese tenido el mismo cariz de haberse dado en Cuenca en vez de en Guipúzcoa?

En el sumum algunos de los carentes del sentido olfativo adecuado, intentan apropiarse del frasco alistándose en las filas de pistoleros y exaltados radicales ¿No les da nada qué pensar tal paradoja?

Mal camino es este, porque si cerramos nuestras mentes, si nos replegamos en nuestras esencias particulares, si despreciamos el presente en beneficio del pasado ¿a dónde creen que nos conducirá tal camino?

Vuelvo a reiterar por enésima vez que este asunto, se trate desde el punto de vista que se trate, no consiste en otra cosa que trazar delimitaciones entre clases. Y concluyo -contando o no con al aquiescencia del forerío- que es un debate propio de otros ámbitos. Si el liberalismo consiste en eso, yo no soy liberal.

Ustedes sabrán a que lado de la tenue línea divisoria se hallan.

Yo lo tengo bien claro. Estaré en aquél lado en el que haya gente discriminada por tener progenitores de procedencia no vasca, por ser ellos mismos de procedencia no vasca; estaré del lado en el que se lucha contra las injusticias; estaré al lado de quienes defienden democrática y lealmente ideas políticas (aún cuando no sean las mías). Lo he estado siempre porque he sido emigrante en muchas ocasiones (en honor a la verdad, un emigrante de lujo).”

Agur bero bat.

domingo, mayo 07, 2006

Manolo "el del bombo", versión picoleto.

Voy a disentir de la compañera Etxekoandre, respecto a sus afirmaciones en el comentario “GUARDIA CIVIL, militarizada ¿para qué?”:

El Duque de Ahumada creó un cuerpo militar de seguridad, movido a caballo por las zonas rurales más desamparadas.

Fue un visionario, pero hoy España es más urbana que rural, y los siete niños de Ecija, Pasos largos o El tempranillo trabajan en Marbella con corbata y cuello blanco.
Es hora de enterrar al duque de Ahumada, con honores.

Casas Cuartel apartadas con olor a recocido y disputas de mujeres; las rodilleras del pantalón relucientes de jabón Lagarto; servicios de 48 horas o más y calabozo por un bocadillo en una guardia.

No deja de ser paradójico que un militar nos ponga una multa de tráfico, y la militarización de la Guardia Civil apesta a uso de mano de obra barata y de obediencia ciega, enviable a misiones en el extranjero de paz o interceptación.

Otros países (Italia con sus carabinieri) siguen este sistema, pero algún día no muy lejano el PS o el PP quitarán el Código de Justicia Militar de la cabeza de estos hombres y mujeres.

Para la nueva delincuencia no hace falta arma larga sino más ordenadores.

No albergo animosidad alguna respecto a la Guardia Civil, y si bien no puedo decir que tenga demasiados conocidos que pertenezcan a dicha institución, sí que he mantenido relaciones a título meramente personal con algunos antes de que los cometidos de la “pretérita” fuesen barridos del mapa vasco y sus unidades reconcentradas y minimizadas a escasos puntos, casi todos ellos en las capitales.

No albergo animosidad alguna pese a haber soportado -como el resto de ciudadanos- los numerosos controles de carretera, el que te parasen en Tarancón, Mansilla de las Mulas o cualquier otro punto de la geografía española sólo porque tu vehículo llevaba una placa de matrícula vasca. Ellos hacían su trabajo y yo el mío.

En las relaciones personales que mantuve con algunos de ellos, nunca nos ocultamos, ni yo ni ellos, pese a que en aquellos tiempos raro era el día en el que una patrulla no fuese ametrallada o uno de sus compañeros fuese asesinado por los pistoleros. A la vuelta de los tiempos esos pistoleros resultan ser los abanderados de la paz y un dechado de virtudes.

De tales relaciones he ido conociendo una serie de vivencias de estos hombres, tanto de muros adentro de los cuarteles como de anécdotas variadas respecto a los servicios que prestaban de cara al público.

Luego, ustedes ya lo saben -porque lo he contado numerosas veces- me convertí en ciudadano navarro consorte e incluso, por avatares profesiones, llegué a residir algunos periodos de tiempo en diversas ciudades navarras y volví a mantener algún que otro contacto con los escasos “men in greeen” que se aventuraban a tratar de integrarse en sus respectivas poblaciones.

Esta última cuestión siempre ha sido olvidada y escasamente agradecida por los unos y por los otros, pues si bien no puede considerarse anécdota de mención en Briviesca, Totana o Fregenal de la Sierra, en cualquier pueblo guipuzcoano o del norte de Navarra era casi una heroicidad.

Los que como yo ya se vayan acercando a la cincuentena o aquellos que la sobrepasen, recordarán lo que se esperaba de la idílica policía vasca. Se la recreaba al estilo del Bobbie inglés y demás superlativos magnánimos. Deseábamos creer que las hordas cainitas pistoleras y radicales se amansarían ante la presencia de cualquier solitario “txapelgorri, apatrullador de barrio”. Algunos lo creímos más por necesidad que por convicción.

Pero la realidad se ha encargado de demostrar lo que a todas luces era previsible: los delincuentes, los pistoleros y los radicales odian a cualquier fuerza policial, sea ésta reclutada en los batzokis o, si hubiese sido posible, en los gaztetxes.

Sin dudar de la profesionalidad de la gran mayoría de policías autónomos vascos, hemos terminado por comprobar que tal policía no es otra cosa que una policía al servicio de un partido político. Que cuando se requiere su intervención en cuestiones de orden público -ya desde un principio- precisan embozarse en un antifaz y el colmo del absurdo: para evitarles problemas de convivencia a sus familiares han de afincarse en poblaciones fuera de los lindes del PV.

Me inclino a pensar que en aquéllos tiempos hubiese sido imposible encontrar un solo guardia civil en el territorio comanche si no fuese por el carácter militar de la institución. Es bastante poco probable que éstos hubiesen soportado las vejaciones, asesinatos y sepelios de sus compañeros en la clandestinidad si no estuviesen convencidos de su carácter militar y decididos a cumplir el juramento prestado.

En una lejana ocasión, uno de tales amigos, sabiéndome desencantado y hastiado de las juveniles tendencias rojeras me regaló un librito pequeño, y me dijo medio en broma: “toma, para complementar tu libro rojo de Mao”.

En una de sus partes reza el librillo: “será un pronóstico feliz para el afligido, infundiendo la confianza de que a su presentación el que se crea cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenga su casa presa de las llamas considere el incendio apagado; el que vea a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y, por último, siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos”.

No sé cuan imbuidos estaban entonces los guardias civiles por la máxima anterior, pero los diarios sucesos de la década de los 80 en nuestra tierra me llevan a pensar que lo estaban totalmente.

No niego ni disculpo los excesos de algunos (o muchos), pero creo firmemente que tales no pueden hacerse extensivos a todo el colectivo, de la misma manera que si yo ejecuto un proyecto de forma chapucera no puede imputarse mi incompetencia a todos los miembros de mi colegio profesional.

Desconozco los motivos de las penurias de los guardias civiles durante la dictadura, pero las que padecen desde la instauración de la democracia que está a punto de fenecer se deben exclusivamente a sus altos mandos. Éstos tienden únicamente a sus promociones forrajeando en el pesebre del gobierno de turno, y en las últimas décadas es sabido que su pesebre ha sido y es el socialista.

En alguna ocasión he comentado el tema asociativo emergente en la institución con algun "civil" con el que gastaba de la confianza suficiente. Sólo he oído rechazos respecto a éste. Me comentaba en una ocasión un veterano guardia que el verdadero problema que sufre el cuerpo es que actualmente una gran mayoría de las vacantes se nutren de plazas reservadas exclusivamente para procedentes del ejército profesional “estos vienen equivocados, esperan otra cosa, creen que se acabaron las guardias, que irán por ahí en plan Clint Eastwood y, claro, se encuentran con otra cosa. Yo creo que harían mejor preparando oposiciones a la policía nacional o municipal. Este no es, ni será, nunca su sitio”.

¿Pero algo habrá de razón en sus reivindicaciones?, le dije.

Mira, los que en un tiempo vinimos aquí sabíamos a qué veníamos. Nadie nos obligó ni engañó. Además, todos esos movimientos reivindicatorios están infiltrados por los sindicatos de izquierda y el día que consigan sus fines, será el final de la guardia civil. Cierto es que el asunto retributivo no da mucho de sí, pero, no sé, me parece que ese no es el camino”.


No conozco a otros, pero los delegados de esas asociaciones que yo conozco en esta provincia y que tanto presumen de haber sido reprimidos y sancionados, lo han sido por causas ajenas al tema asociativo. Sin ir más lejos, uno de ellos que conocí personalmente hace unos años, fue expedientado por... ¡bueno, mejor ni te cuento! Comprenderás que sólo unos pocos desinformados vayamos a asociarnos a tales movimientos. Aquí, en cuanto alguno hace una trastada y le sancionan, automáticamente se da de baja psicológica o se hace sindicalista”.

Esos son los únicos conocimientos que tengo de la guardia civil, pero me inclino a darles mayor credibilidad que los panfletos que publican sitios tales como rebelion.org, nodo50.org o similares.

En base a ellos, al contrario que tú, prefiero que me solicite la documentación o me formule una denuncia un militar que crea que al ver la casa de Ibaia presa de las llamas, Ibaia considere el incendio apagado, antes que lo haga uno de esos Clint Eastowood que sólo piensan en una jornada de funcionario y en sus retribuciones. Lo siento mamita, Ibaia siempre va a contracorriente.

Hace mucho tiempo que no he vuelto a coincidir ni a conversar con los conocidos a los que aludí antes. Motivos laborales me han hecho cambiar de domicilio otra vez y en el territorio comanche no es fácil encontrase con patrullas del “7º de caballería” y entablar conversación con sus componentes. Pero tengo para mí que la imagen del tipo tocado con tricornio y aporreando un bombo no hace muy felices a una gran mayoría de guardias civiles.

Por cierto, ordenadores y unas cuantas cosas más ya tienen, lo que verdaderamente hace falta es que les dejen trabajar, no les politicen y coloquen sus salarios a la altura, como mínimo, de las policías autonómicas.

Etxekoandre, no te disgustes con mis comentarios. Yo soy así de raro.

Un besito.

sábado, mayo 06, 2006

Los Tribunales especiales populares


Los tribunales especiales populares fueron un invento del Ministro de Justicia socialista Mariano Ruiz Funes. Ante esto no debe asombrarnos la querencia socialista por instituir órganos de control tales como los CAC o cualquier otro que en un futuro se les ocurra: es su tendencia histórica.

La composición de tales tribunales era designada por los partidos políticos del Frente Popular, por lo que no que tampoco debe asombrar la tendencia secular de los socialistas a influir o controlar el poder judicial. Aún con todo, los militantes izquierdistas desconfiaban -y así lo expresaban públicamente- de las resoluciones de tales tribunales y de la lentitud con que se pronunciaban en sus sentencias.

A primeros de septiembre de 1936 el TP de Murcia condenó a muerte a tres oficiales de asalto, a quienes se les acusó de rebelión militar por simpatía hacia los sublevados de la provincia de Albacete y que finalmente fueron fusilados. El pelotón de ejecución, tras cumplir con la faena, desfiló ante los cuerpos acribillados gritando ¡viva la República!

Por aquellas mismas fechas, el TP de Murcia tenía entre manos otro proceso contra 27 personas, a las que se acusaba de colaboracionismo en diferentes grados. Entre los procesados estaban el líder local del partido político Acción Popular, el jefe provincial de la Falange, el párroco de la Iglesia del Carmen y diversas personas, cuyo principal delito consistía en poseer una posición acomodada. Los deseos revanchistas del populacho más extremista, jaleados por la prensa local, presionaban al TP para que emitiera una resolución rápida y condenatoria respecto a todos los encausados.

El 11 de septiembre se dictaron las sentencias: 10 penas de muerte, 8 cadenas perpetuas y 9 condenas de reclusión en diferentes grados.

El 12 de septiembre, el Gobierno indultó las penas capitales gracias a las gestiones realizadas por el propio Ministro de Justicia (Ruiz Funes), de origen murciano, pues según se dice, tenía un pariente entre los condenados a muerte.

El 13 de septiembre de 1936, domingo, las primeras horas de la mañana vieron alterada la paz y la quietud de la vega por los roncos sonidos de las caracolas que llamaban a reunión para marchar sobre la capital. Los huertanos se precipitaron sobre la capital en camionetas, carromatos, a pie, empuñando sus aperos a modo de armas contundentes. La concentración penetró en la ciudad por diferentes accesos y a ella fueron sumándose los espontáneos locales, gritando “U.H.P, la cabeza de Servet” (se referían al jefe de la Falange), para terminar concentrándose ante los muros de la cárcel, con el propósito de asaltarla.

Miles de gritos piden las cabezas de los diez indultados. Con furia derriban la primera verja de acceso al recinto penitenciario. El alcaide de la prisión, desde lo alto del muro, se esfuerza en pedir calma y razonamiento. Amenaza con repeler el asalto (a sabiendas que no puede cumplirlo). Grita, se desgañita, apelando al respeto de la ley y a la justicia de la República. Nadie le escucha. La segunda verja está a punto de ceder ante los furiosos embates de la turba.

El interior de la prisión albergaba, además de a los 10 indultados, a otros mil detenidos, y temiendo que los salvajes huertanos, una vez tomado el recinto resuelvan liquidar a todos los reclusos, el Gobernador Civil -conocedor de los hechos a través del regidor carcelario- decidió que se procediese a pasar por las armas a los 10 condenados a la pena capital indultados.

Los guardias los separan del resto de reclusos a culatazos y precipitadamente se forma el pelotón de ejecución en el patio de la cárcel en dos sucesivos grupos de a cinco. Suena la voz de mando “fuego” con ganas de finalizar la faena con prontitud; doce descargas casi a bocajarro, el presuroso tiro de gracia, a la carrera, de oficial de servicio, cuyo estampido ahoga el feroz griterio y las salvas de aplausos de la plebe enloquecida.

Otra tanda, otras cinco víctimas. Más descargas, más gritos y aplausos.

La plebe termina por derribar el último rastrillo y arrollándolo todo se apodera de los cadáveres, a los que atan con sogas por el cuello, por los brazos, por los tobillos y, de esta guisa, comienzan una salvaje procesión arrastrando los cadáveres de los ejecutados por la ciudad.

Los cuerpos van dando tumbos por el empedrado, desmembrándose. Los restos descuartizados, orejas, penes, testículos, culminan picas que portan los defensores de los más acérrimos valores democráticos republicanos.

Al cadáver del párroco del Carmen le seccionan los testículos y se los introducen en la boca. Los escasos despojos que de su cadáver restan, son colgados de una farola de la pared de su propia iglesia y, tras rociarlos con gasolina, les prenden fuego.

Cuentan que, previamente a lo anterior, un miliciano le había cortado una oreja al cadáver y se fue con ella a una taberna, donde se la prepararon a la plancha y se la despachó acompañada con un generoso vaso de jumilla.

¡Salud y República! pero ojo, hay una moraleja: solamente disfrutarás de salud si la república no es socialista.


FUENTES:

José Fernández Cormenzana- “Dame el fusil, pequeño”

José Ataz Hernández- “Testimonio de una Convicción”

miércoles, mayo 03, 2006

Sin novedad en el frente

¿Recuerdan ustedes la entrevista al líder del PSN que transcribí hace unas fechas? ¿sí?

Consúltenla vuesas mercedes y comparen las declaraciones de entonces con las de ahora: Chivite advierte a Sanz que no puede gobernar Navarra contra España

Se excavan y delimitan las trincheras:

Miguel Sanz insiste en blindar Navarra para que no se acepte modificar su estatus político

EA denuncia que Miguel Sanz antepone «su ideario nacionalista al derecho a decidir de los navarros

El PNV acusa a Sanz de «precipitar» la campaña electoral en Navarra

IUN califica de «nuevo disparate» el blindaje propuesto por Sanz

Miguel Sanz: «Aceptaría no ser candidato si Zapatero acuerda conmigo blindar Navarra»

Ataque conjunto del PSOE y Díez Usabiaga contra el Gobierno de Navarra por negarse a ser moneda de cambio

Cintruénigo aprueba una moción sobre el alto el fuego con la abstención de PSN

Formalizando relaciones con Batasuna

Campaña de calumnias de los proetarras contra la Guardia Civil

El terrorismo que no ha cesado

La “anticuada” víctima Gotzone Mora

La grandeza de los medios de incomunicación:

Reporteros sin Fronteras saca a ETA de la lista de "predadores de la libertad de prensa"

De momento, ETA ya ha conseguido dividir a los periodistas

El frente- populismo inmigrante:

El poder inmigrante se organiza

El 72% de los encarcelados en España provienen de Marruecos y de Argelia

Cayó en un día que transcurrió tan tranquilo en toda la extensión del frente, que el comunicado se limitó a señalar que en el frente del Oeste no había habido novedad. Quedó de bruces, tendido en el suelo, como si durmiese. Cuando lo volvieron se vio, se vio que no había debido sufrir durante mucho tiempo. Su faz estaba serena y expresaba como una satisfacción porque todo hubiese terminado. (Erich M. Remarque)

martes, mayo 02, 2006

Et tu, Brute?

El actual ejecutivo actúa en la misma forma que lo hacía en tiempos el frentepopulismo que admira y al que desea retornar. Si esa es su meta, actúa con coherencia pese a que en su programa electoral no rezase el revisionismo histórico, el finiquito a la constitución del 78, la disgregación de la nación española y la instauración de la III República en lo que de ella quede.

El Gobierno actual se legitimó en unas jornadas trágicas, a las que precedieron la campaña de acoso más repugnante que se haya conocido en la vida política de este país -y eso que ha habido no pocas-, culminada por un salvaje atentado terrorista (cuya autoría aún se desconoce), con el aderezo de la violación de las leyes del proceso electoral, asaltos a las sedes del partido entonces gobernante y violencias sobre militantes y votantes de la derecha.

Tales jornadas se juzgarán por las generaciones venideras como aquéllas en las que el sectarismo y los odios mal disimulados acabaron con la convivencia pacífica y democrática de esta nación, para mayor gloria y vergüenza de quienes las protagonizaron activamente y de quienes consintieron por omisión u obscuros intereses.

A tal gobierno lo legitimaron los votos de una gran cantidad de ciudadanos cómodos y cobardes, en unos casos, y en otros, por aquéllos que tienen su voto cautivo por las prebendas, gabelas y subvenciones de todo tipo. En resumen, el 60% de los votantes de este país dieron el poder al Partido Socialista por intereses meramente egoístas y contrarios a los generales de la nación:
  • Por razones ideológicas afines.
  • Por el insano afán de vengar arcanas afrentas.
  • Por mantener el suicida sistema de la subvención total en determinadas regiones, que no es preciso mentar ni enumerar.
  • Por el mero pancismo pseudo cultural o artístico, de cuyas filas se nutren hoy tantas direcciones generales, entes, asociaciones, producciones televisivas, teatrales, cinematográficas y no pocos nichos culturetas más.
  • Para agradecer y perpetuar una política inmigratoria que significará el fin de la cultura autóctona y de la estructura social española -tal y como la conocíamos hasta ahora-, mordiendo la mano tendida que, sin distinguir razas, religiones ni creencias políticas, les acogió en nuestra sociedad y les proporcionó la libertad y prestaciones sociales de las que carecían, carecen y seguirán careciendo en sus países de origen.
A pesar de todo lo anterior, un amplio sector de la sociedad, el 40% del electorado, ha mantenido firmemente su apoyo al partido hoy en la oposición en la esperanza de que éste era el único resorte o medio capaz de reconducir nuevamente el país a la convivencia racional y democrática. Y ha demostrado su combatividad en numerosas concentraciones y manifestaciones multitudinarias, de comportamiento urbano nunca antes conocido.

Hoy, cuando el gobierno rojo desdeña el proceso de transición de la dictadura a la democracia, los esfuerzos de las generaciones que en él intervinieron para consolidarla, a las víctimas de los intolerantes que pretendían precisamente lo contrario y se asocia con quienes desde siempre han deseado destruir España, con dictaduras totalitarias e islamistas que tienen por fin acabar con la sociedad occidental, quedan pocas esperanzas de un retorno a los modos de convivencia democráticos y pacíficos.

Quedan pocas esperanzas tras el golpe de gracia que el jefe de la oposición propinó a éstas en la entrevista que el 30 de abril concedió al diario El País (ese que suele recibir el apelativo del Pravda).

¿Qué sentido han de tener de aquí en adelante los esfuerzos particulares por desentrañar las mentiras de las investigaciones de los sucesos del 11-M, o las de rescatar la verdadera memoria histórica?

Ninguno.

Debemos estar desencantados de un líder que nos pidió firmas de apoyo. Y se las dimos. Tantas como nunca más podrán ser recogidas. Hemos estar desencantados de un líder que nos llamó a tomar la calle en varias ocasiones. Y la tomamos, aún a costa de viajar cientos de kilómetros y sufrir las inclemencias del tiempo y el ninguneo de medios de comunicación, delegados del Gobierno y del propio ejecutivo.

Esperábamos el desprecio del gobierno rojo y sectario, de sus palmeros y ayudantes, pero casi todos los que respondimos a sus convocatorias no hubiésemos sido capaces de creer que seríamos también despreciados, utilizados para la oportunista foto propagandística, por el líder de la oposición.

Señor líder de la oposición: usted está traicionando a las víctimas del atentado del 11-M y, por extensión, a todas las demás. Usted capitula y así traiciona la heroica labor de sus compañeros de partido –y de los que sin serlo les apoyan- en el país vasco; traiciona a los que le dieron sus firmas, a los que con riesgo de la propia integridad las recogieron y a quienes respondieron a sus convocatorias.

Señor Rajoy, usted renuncia a la oposición y niega a este país la esperanza. Heroísmos no le exijo. Sólo que se comporte de la misma manera que lo hicimos quienes le apoyamos.

Carezco de poderes paranormales, no poseo ninguna bola de cristal en la que ver el futuro, pero una cosa le pronostico: ni usted, ni su partido, van a ganar ninguno de los plebiscitos que se convoquen de aquí a veinte años. Claro que, para entonces, todos calvos.

No sé que nos resta, pues ni siquiera la resistencia gandhiana da resultados. Quizá sólo -cómo los antiguos romanos- envolver la cabeza en la túnica y aguardar las mortales cuchilladas.

Tu quoque, fili mii?

lunes, mayo 01, 2006

¿Memoria histórica?


Perfecto. recuperémosla toda.

I. EL ASESINATO DE CALVO SOTELO.

Desde bien antes del nuevo año 1936, núcleos extremistas de izquierda se dedicaban al asalto de viajeros, imponiéndoles “impuestos” por el derecho de paso; a la ocupación tumultuosa de de terrenos y propiedades y al incendio de iglesias y conventos. Diego Martínez Barrio cuenta en sus memorias: “era el drama de cada día, y a veces de cada hora”.

En tal ambiente, el 11 de mayo de 1936 se encargó formar gobierno a Casares Quiroga, con gran disgusto de los grupos que formaban el Frente Popular.

El Frente Popular esperaba que el presidente de la República (Azaña) rectificara, cambiando de ministerio, la política vacilante de las últimas semanas, y dudaba que pudieran hacerlo las mismas personas que habían gobernado anteriormente con Azaña. Argüían que éstos serían meros subordinados al presidente de la República, por pertenecer al partido que hasta ese momento había presidido el propio presidente de la República. Sea como fuere, la constitución de la nueva formación ministerial se compuso con Casares Quiroga como presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra.

Casares era considerado por amplios sectores como un fanático sectario, presto a la cólera contra sus adversarios. Tal sectarismo quedó patente cuando un día, desde el banco azul se encaró con Calvo Sotelo y le espetó “el gobierno es, frente a lo que vosotros representáis, un beligerante”.

En sus memorias, Martinez Barrio exculpa la bronca zafiedad de Casares, comentando que el aserto anterior “no pasó de la categoría de frases infelices, y que los enterados comparaban las arrogancias de Casares a las voces destempladas de aquéllos que se aturden, gritando en los momentos históricos de atravesar unas habitaciones oscuras”. Muy poético, pero también muy inexacto.

Durante el transcurso del mes de mayo de 1936 Miguel Maura publica una serie de cinco artículos en el diario El Sol de Madrid. en tales artículos realiza una amplia apología de la dictadura republicana. Primo de Rivera -a la sazón preso en la cárcel de Alicante- le dirige una carta:
“Alicante, 28 de junio de 1936. Querido Miguel: he leído tus artículos con el interés que merecen, a parte del que les da tu firma [...] y hasta he creído el caso de formular a ellos algunas afectuosas objeciones. Con este propósito mandé a Informaciones un artículo titulado por mí 'El ruido y el estilo' que Víctor de la Serna destacó con llamativos subtítulos [...] Fue tachado de arriba abajo por la censura de la inmunda chusma que nos gobierna. Igual suerte hubiera corrido si tratara de la Osa Mayor [...] Tú, ahora, después de los extravíos que tienes la nobleza de confesar y que se valoran en ti -ya lo dije otra vez- con el sacrificio de las cosas más costosas, andas barruntando la verdad en nuevas pesquisas. Lástima que aún no te atreves a llamarla por su nombre [...] Pero ya verás: ya verás cómo la terrible incultura, o mejor aún, la pereza mental de nuestro pueblo (en todas sus capas) acaba por darnos o un ensayo de bolchevismo cruel y sucio o una representación flatulenta de patriotería alicorta a cargo de algún figurón de la derecha. Que Dios nos libre de lo uno y de lo otro”
Respuesta de Maura:
“Madrid, 7 de julio de 1936. Querido José Antonio: Te agradezco mucho tu carta. No he recibido las galeradas de Informaciones. No quieren por lo visto ni ese trato conmigo. Hacen bien [...] Por otra parte, el desenlace de la experiencia que el Frente Popular representa no puede tradar en producirse. Por días se resquebraja más y es mayor el malestar interno de sus componentes y, por supuesto, más evidente la catástrofe para la economía y la paz del país. El día próximo en que el derrumbamiento del Frente Popular sea notorio, España se encontrará en plena guerra civil [...] Ni vosotros podéis afirmar seriamente que estáis en condiciones de asumir la dirección de la vida nacional, ni los marxistas pueden soñar con la posibilidad de articular otra cosa que la más bárbara anarquía [...] El Estado republicano actual, tal cual lo forjaron quienes hicieron la Constitución es inservible e ineficaz para la hora histórica en la que vivimos [...] Lo fundamental, que es el concepto de una España jerarquizada y grande, donde los intereses personales o colectivos estén sometidos hasta la esclavitud al supremo interés de la nación y la que las gloriosas tradiciones morales y sociales que fueron la base de nuestra pasada grandeza se repongan en todo su vigor y sean respetadas como sagradas [...] El tránsito de la actual anarquía a ese nuevo estado no puede hacerse sin que exista ya el Estado mismo con sus órganos capacitados. Sobre escombros y en guerra civil no se edifica nada sólido. Yo quiero que la base del Estado futuro sea el Estado republicano, limpio de faramallas arcaicas y reorganizado en la medida necesaria para que sirva de cimiento al nuevo edificio [...] La experiencia que se está haciendo de hacer compatible la democracia con la revolución social es una quimera. Pronto habrá fracasado. Estoy seguro de que entonces el pueblo español sabrá orientarse. Mi esfuerzo va hoy encaminado a poner lo que yo pueda para que esa orientación conduzca a levantar a España de su agarbanzamiento, inyectándola el orgullo nacional, hoy inexistente.”
18 de mayo 1934. José Calvo Sotelo interviene en las Cortes, atacando la gestión de Indalecio Prieto al frente del Ministerio de Hacienda. Éste le replica sarcásticamente:
“Conozco la audacia del señor Calvo Sotelo. No de hoy. La conozco desde los tiempos en que su señoría, no sé si abusando o haciendo uso lícito del puesto que en la secretaría particular de don Antonio Maura tenía, vino aquí representando al distrito de Carballino”.
Diciembre de 1935. La CEDA retira su apoyo a Chapaprieta, ni Martínez de Velasco, ni Maura, ni el propio Chapaprieta consiguen formar gobierno. Portela Valladares, sin la CEDA, y con el decreto de disolución de las Cortes, logra hacerlo. El día 16 de diciembre, Largo Caballero dimite del cargo de presidente de la ejecutiva del PSOE a causa de pugnas internas entre las posiciones de aquél y de Prieto.

A partir de ese momento la conjunción electoral republicano- socialista es un hecho.

El proyecto del estatuto vasco se queda a las puertas de las Cortes cuando éstas se disuelven a finales del 35, resultando una incógnita cual podría haber sido el jucio del parlamento radical- cedista sobre aquél. Sin embargo parece haber indicios de que dicho juicio habría sido negativo, ya que Gil Robles no elude manifestar sus aprensiones ante la institucionalización del parlamento vasco, rechazando de plano las tesis de una nacionalidad vasca y de la bandera del PNV.

Calvo Sotelo pronuncia un discurso en San Sebastián en el que ataca la concepción histórica del problema por parte del nacionalismo vasco. Días después se pronunciará en el congreso respecto a los propósitos separatistas, acuñando la frase “Prefiero una España roja, antes que una España rota”, y continúa: “El nacionalismo vasco, tal como lo cree, lo define y pontifica Sabino Arana, es un sentimiento de independencia vasca, fundado en el odio a los españoles y a la nacionalidad española; en el odio a la historia de España" (DSC, 5 de diciembre de 1935 )

El 16 de junio de 1936, José Calvo Sotelo participó en una de las sesiones parlamentarias más dramáticas de toda la historia de España, y en la que tuvo lugar un violento incidente con Casares Quiroga, siendo objeto de insultos y amenazas por parte de diputados izquierdistas.
“El Frente Popular y el Gobierno que emergió de su seno, con representación política mayoritaria, desde el momento en que la CNT no coincide en su actitud política y sindical con la política que el Frente Popular dirige, es sólo una personificación minoritaria de la opinión española”. “El Gobierno, nacido ayer, no tiene por eso pasado; sin embargo, tampoco tiene futuro”.
“El Parlamento está roído por el gusano de la mixtificación. España no es esto. Ni esto es España. Aquí hay diputados republicanos elegidos con votos marxistas; diputados marxistas partidarios de la dictadura del proletariado, y apóstoles del comunismo libertario; y ahí y allí hay diputados con votos de gentes pertenecientes a la pequeña burguesía y a las profesiones liberales, que a estas horas están arrepentidas de haberse equivocado el 16 de febrero al dar sus votos al camino de perdición por donde nos lleva a todos el Frente Popular”.
“El marxismo constituye hoy en España -en muchos puntos del extranjero también- la predisposición de las masas proletarias para conquistar el Poder, sea como fuere”.
“La ley de la turbamulta es la ley de la minoría disfrazada con el ademán soez y vociferante, y eso es lo que está imperando ahora en España; toda la vida española en estas últimas semanas es un pugilato constante entre la horda y el individuo, entre la cantidad y la calidad, entre la apetencia material y los resortes espirituales, entre la avalancha brutal del núcleo y el impulso selecto de la personificación jerárquica, sea cual fuere la virtud, la herencia, la propiedad, el trabajo, el mando, lo que fuere; la horda contra el individuo. Y la horda triunfa porque el Gobierno no puede rebelarse contra ella o no quiere rebelarse contra ella, y la horda no hace nunca la historia, señor Casares Quiroga; la historia es obra del individuo. La horda destruye o interrumpe la Historia y Sus Señorías ni pueden imprimir en España un sello autoritario. Y el más lamentable de los choques (sin aludir ahora al habido entre la turba y el principio espiritual religioso) se ha producido entre la turba y el principio de autoridad, cuya más augusta encarnación es el Ejército”.
"Cuando se habla por ahí del peligro de militares monarquizantes, yo sonrío un poco, porque no creo - y no me negaréis una cierta autoridad moral para formular este aspecto- que exista actualmente en el ejército español, cualesquiera que sean las ideas políticas individuales, que la Constitución respeta, un solo militar dispuesto a rebelarse a favor de la Monarquía y en contra de la República. Si lo hubiera sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y en contra de la anarquía, si ésta se produjera."
[Casares Quiroga: "No haga Su Señoría invitaciones que fuera de aquí pueden ser mal traducidas".]
La traducción es libre, señor presidente; la intención es sana y patriótica, y de eso es de lo único que yo respondo... Quiero decir al señor presidente del Consejo de Ministros que puesto que existe la censura, que puesto que Su Señoría defiende y utiliza los plenos poderes que supone el estado de alarma, es menester que Su Señoría transmita a la censura instrucciones inspiradas en el respeto debido a los prestigios militares. Hay casos bochornosos de desigualdad que probablemente desconoce Su Señoría. Porque, ¿es lícito insultar a la Guardia Civil -y aquí tengo un artículo de ‘Euzkadi Rojo’ en que dice que la Guardia Civil asesina a las masas y que es homicida- y, sin embargo, no consentir la censura que se divulgue algún episodio, como el ocurrido en Palenciana, pueblo de la provincia de Córdoba, donde un guardia civil, separado de la pareja que acompañaba, es encerrado en la Casa del Pueblo y decapitado con una navaja cabritera?
[Grandes protestas. Varios diputados gritan: Es falso. Es falso.]
¿Qué no es cierto que el guardia civil fue internado en la Casa del Pueblo y decapitado? El que niegue eso es...
[Calvo Sotelo pronuncia unas palabras que no constan en el Diario de Sesiones por orden del presidente del Congreso y que dan lugar a grandes protestas e increpaciones. El presidente de las Cortes: Señor Calvo Sotelo, retire Su Señoría inmediatamente esas palabras.]
Estaba diciendo, señor presidente, que a un guardia civil, en un pueblo de la provincia de Córdoba, en Palenciana, me parece, no lo recuerdo bien, se le había secuestrado en la Casa del Pueblo.
[Varios diputados gritan: Es falso. Es falso.]
Y con una navaja cabritera se le ha decapitado, cosa que por cierto acabo de leer en ‘Le Temps’, de París, y que ha circulado por toda España.
[El presidente de las Cortes: Su Señoría ha pronunciado más tarde unas palabras que yo le ruego retire.]

Calvo Sotelo, sigue señalando:
“...Para que el Consejo de Ministros elabore esos propósitos de mantenimiento del orden han sido precisos doscientos cincuenta o trescientos cadáveres, mil o dos mil heridos y centenares de huelgas. Por todas partes desórdenes, pillaje, saqueos, destrucción. Pues bien; a mí me toca decir que España no os cree. Esos propósitos podrán ser sinceros, pero os falta fuerza moral para convertirlos en hechos...”
[En la Cámara, desde los bancos izquierdistas, se escucha: ¡Nos está provocando!]

Prosigue Calvo Sotelo:
“...El señor Largo Caballero ha dicho en Oviedo que ellos van a la revolución social y que el Frente Popular sólo es admisible en cuanto sirva a la revolución de octubre. Si es cierto, sobran notas, discursos, planes y propósitos: En España no puede haber más que una cosa: anarquía”.
Interviene Casares Quiroga, y amenaza:
...Yo no voy a descender al terreno a que suavemente quería llevarme el señor Calvo Sotelo, terreno de polémica personal, personalísima, al cual me está vedado acudir porque yo no puedo olvidar que aquí soy el presidente del Consejo.

Ocasiones ha tenido en la vida el señor Calvo Sotelo para encontrar a Santiago Casares. Hoy no encontrará aquí más que al jefe del Gobierno... Que el ministro de la Guerra ha tomado determinadas medidas porque se las ha impuesto el Frente Popular de tal sitio o la comisión de tal otro, exigiéndole hasta plazo y tope de fecha...

¡Aceptar yo ni como particular ni como ciudadano que se viniera a injerir nadie en las funciones de un Ministerio tan delicado como el que represento, porque se me pusiera una condición, o un tope, o una fecha por parte de los elementos políticos que fuere, aunque fueran los más afines! De ninguna manera, señor Calvo Sotelo. Y por eso, contestando a lo que Su Señoría decía cuando afirmaba que tal traslado se había hecho por imposición y tal otro se había ordenado incluso marcándoseme el número de horas en que se había de realizar, digo a Su Señoría que eso es absolutamente inexacto.

Yo no quiero incidir en la falta que cometía Su Señoría, pero sí me es lícito decir que después de lo que ha hecho Su Señoría hoy ante el Parlamento, de cualquier caso que pudiera ocurrir, que no ocurrirá, haré responsable ante el país a Su Señoría”.
Calvo Sotelo le replica:
“...En estos instantes, en España se desata una furia antimilitarista, que tiene su arranque y orígenes en Rusia y que tiende a minar el prestigio y la eficiencia del Ejército español... Nada de adulaciones al Ejército; la defensa del Ejército ante la embestida que se le hace y se le dirige en nombre de una civilización contraria a la nuestra y de otro Ejército, el rojo, es en mí obligada. De eso hablaba el señor Largo Caballero en el mitin de Oviedo, y por las calles de Oviedo, a las veinticuatro o a las cuarenta y ocho horas de la circular de Su Señoría, que prohíbe ciertos desfiles y ciertas exhibiciones, han pasado tranquilamente uniformados y militarizados, cinco, seis, ocho o diez mil jóvenes milicianos rojos, que al pasar ante los cuarteles no hacían el saludo fascista, que a Su Señoría le parece tan vitando, pero sí hacían el saludo comunista, con el puño en alto y gritaban: ¡Viva el Ejército Rojo!...
Yo tengo, señor Casares Quiroga, anchas espaldas. Su Señoría es hombre fácil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he oído tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en estos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, señor Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Me ha convertido Su Señoría en sujeto, y por tanto no sólo activo, sino pasivo, de las responsabilidades que puedan nacer de no sé que hechos. Bien, señor Casares Quiroga. Lo repito, mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi Patria.
[Exclamaciones]
y para gloria de España, las acepto también. ¡Pues no faltaba más! Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: “Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis”. Y es preferible morir con gloria que vivir con vilipendio.
[Rumores.]
Pero a mi vez invito al señor Casares Quiroga a que mida sus responsabilidades estrechamente, si no ante Dios, puesto que es laico, ante su conciencia, puesto que es hombre de honor; estrechamente, día a día, hora a hora, por lo que hace, por lo que dice, por lo que calla. Piense que en sus manos están los destinos de España, y yo pido a Dios que no sean trágicos.

Mida Su Señoría sus responsabilidades, repase la historia de los veinticuatro últimos años y verá el resplandor doloroso y sangriento que acompaña a dos figuras que han tenido participación primerísima en la tragedia de dos pueblos: Rusia y Hungría, que fueron Kerensky y Karoly. Kerensky fue la inconsciencia: Karoly, la traición a toda una civilización milenaria.

Su Señoría no será Kerensky, porque no es inconsciente, tiene plena conciencia de lo que dice, de lo que calla y de lo que piensa. Quiera Dios que Su Señoría no pueda equipararse jamás a Karoly.”
El 13 de julio de 1936, el diario “El Sol” daba la noticia del asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Heredia en estos términos:
“A las diez y cinco, en la calle de Augusto Figueroa, donde vivía el teniente de asalto don José Castillo, perteneciente al segundo grupo, que tiene su alojamiento en el cuartel de Pontejos, esperaba un grupo, al parecer de cuatro individuos. A esa hora el Sr. Castillo salió de su domicilio para tomar el servicio, que empezaba a prestar a las diez. Un testigo ha declarado que pudo escuchar cómo uno de los cuatro individuos dijo: «Ése, ése es», señalando al teniente Castillo. Al acabar de oír esto, cayó al suelo, a efectos de un fuerte empujón, y simultáneamente sonaron varios disparos. Se repuso rápidamente este testigo a tiempo de recibir al Sr. Castillo al desplomarse. Ayudado por otro vecino de la misma calle, trasladó al señor Castillo a un automóvil y se dirigieron al Equipo Quirúrgico. El teniente falleció en el camino.
El cuerpo del teniente Castillo presentaba una herida de arma de fuego con orificio de entrada por la cara posterior del brazo izquierdo. Y otra, también de arma de fuego, con entrada por el quinto espacio intercostal y sin orificio de salida, mortal de necesidad.

Durante la tarde, la aglomeración de gente, compuesta en su mayoría por clase obrera, que acudía a la Dirección de Seguridad para desfilar ante el cadáver del teniente Castillo, era enorme. Estacionada frente al edificio de la Dirección, había a las seis de la tarde, unas cuatro mil personas.”
Madrid. Al filo de la madrugada del día 12 de julio de 1936, varios guardias de asalto, el oficial de la Guardia Civil Fernando Condés y el socialista Luis Cuenca salen del cuartelillo de la Calle Pontejos, próxima a la Dirección General de Seguridad, en donde aún se vela el cadáver del teniente Castillo. Montan en una camioneta y se dirigen sin vacilación al domicilio de don José Calvo Sotelo.

El silencio de la noche es roto por los sollozos de la esposa del diputado y por las frases graves de aquél,a quien sacan de su casa a horas tan intempestivas:
No te preocupes, mujer. Si es verdad que se trata de una orden del gobierno, dentro de una hora estaré de vuelta. Soy un diputado de la nación y el gobierno no va a cometer ningún atropello contra mi inmunidad.
Los sollozos de la mujer dan paso a unas palabras resignadas dirigidas a Condés:
Sólo el uniforme que usted viste me inspira seguridad. En él pongo toda mi confianza.
El grupo comienza a bajar la escalera. A calvo Sotelo le queda aliento para tranquilizar con una fina ironía a la esposa:
En seguida estaré de vuelta, a menos que estos señores me maten.
Ya en la calle, todos suben a la camioneta, que arranca inmediatamente. Calvo Sotelo guarda silencio y cruza las manos.

En el banco de su espalda, dos hombres llevan montadas las pistolas. Uno es guardia de asalto; Cuenca es el otro. Y éste es el que, sin pensarlo, levanta el brazo armado hasta la nuca de Calvo Sotelo y hace fuego dos veces. La camioneta acelera la marcha y toma la dirección del cementerio.

La amenaza de Casares Quiroga, finalmente, se cumplió.

En la memorias de Diego Martínez Barrio, páginas 341 a 355, se describen ampliamente las reacciones de los principales actores políticos del momento, así como el desarrollo de las pesquisas para el esclarecimiento de los hechos desde el momento en el que el vicepresidente de las Cortes, Conde de Valledano, denunció la desaparición de su domicilio del diputado Calvo Sotelo. Es evidente que en la lectura de tales páginas se precisa eliminar el filtro de comprensión -cuando no de connivencia- que despliega Martínez Barrio. No las transcribiré dada su extensión, ni tampoco las extractaré, pues precisan ser analizadas detenidamente, palabra por palabra, párrafo a párrafo para una correcta interpretación de éstas. La última edición que conozco de las mismas data de 1963, publicadas por Editorial Planeta bajo el título “Memorias”, ISBN 84-320-5690-1.

Tras es suceso casi todo el mundo coincidió en apreciar ¡Esto es la guerra!

El director de El Socialista, más tarde ministro de la Gobernación bajo la presidencia de Juan Negrín López (18/5/1937), Julián Zugazagoitia, al enterarse de la noticia del líder de las derechas, dijo: ¡Ese atentado es la guerra!.

El mismo Zugazagoitia informó telefónicamente sobre el hecho a Indalecio Prieto (que andaba por Pedernales, posiblemente maquinando algún nuevo alijo de armas de contrabando), Prieto responde: ese atentado es la guerra.

Al conocer el suceso, el presidente de la República, Azaña, exclama: ¡Esto es la guerra!

Julio Merino, en su obra “El otro Franco”, relata que el cuñado de Azaña, Rivas Cherif dijo que el atentado derribó moralmente, para el resto de su vida, a Azaña: [...] No hay que olvidar que don Manuel Azaña... era cobarde por naturaleza (como lo demostró cuando fue detenido el Comité Revolucionario en 1931 permaneciendo escondido a cal y canto durante meses mientras sus compañeros iban a la cárcel y luego en 1934, cuando la sublevación de Companys en Barcelona... y durante los tres años de la Guerra Civil). A este respecto, Indalecio Prieto cuenta en sus “Memorias” que la noche del 18 de julio tenía tal miedo que sólo preguntaba: “¿Y ahora qué hacemos, qué hacemos?”, y cuando el vasco le dijo “¿Ahora?, ahora esperar que entre por esa ventana un obús de las tropas que ya vienen a por nosotros”, Azaña se puso pálido y casi se mete debajo de la mesa...”

El 13 de julio de 1936, el Gobierno clausuró todos los centros monárquicos, carlistas y anarquistas. Esa misma noche, Prieto presidió una delegación de comunistas y socialistas para pedir al Gobierno que repartiese armas a las organizaciones obreras.

El día 14, Prieto escribía en “El Liberal”:
“La trágica muerte del Sr. Calvo Sotelo servirá para provocar el alzamiento... Será una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel”.
El 16 de julio de 1936, Largo Caballero escribió en el diario Claridad, del PSOE:
“La lógica histórica aconseja soluciones más drásticas. Si el estado de alarma no puede someter a las derechas, venga, cuanto antes, la dictadura del Frente Popular. Dictadura por dictadura, la de izquierdas. ¿No quiere el Gobierno? Pues sustitúyase por un Gobierno dictatorial de izquierdas... ¿No quiere la paz civil? Pues sea la guerra civil a fondo. Todo menos el retorno de las derechas.”
Existe la creencia que detrás de los hechos que condujeron al asesinato de Calvo Sotelo estuvo la mano de Prieto:
  • El ejecutor material, Luis Cuenca Estevas, pertenecía a su guardia personal.
  • Al mando de la camioneta Hispano-Suiza número 17, iba el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero, “prietista” incondicional.
  • El resto de ocupantes del vehículo estaba compuesto por:
  • Orencio Bayo Cambronero: Guardia de Asalto destinado al Parque Móvil. Conductor de la camioneta número 17.
  • Federico Coello: Médico afiliado a la Juventud Socialista de Madrid y a la FUE. Acostumbraba a dar escolta a Prieto.
  • Francisco Ordóñez: Amigo de Coello, pertenecía a la junta directiva de la FUE.
  • Santiago Garcés Arroyo. Escolta de Prieto, al que solía seguir en automóvil.
  • José del Rey Hernández: Miembro de las Juventudes Socialistas. Ingresó en la Guardia de Asalto en 1932. Participó en los preparativos para la revolución de octubre de 1934.
  • Tomás Pérez: Cabo de Asalto del cuartel de Pontejos.
  • Los Guardias de Asalto del cuartel de Pontejos, Aniceto Castro, Antonio San Miguel Fernández, Bienvenido Pérez Rojo y Ricardo Cruz Cousillos.
Por si fuera insuficiente la relación de todas estas personas con el dirigente socialista, Prieto no sólo no denunció a Contés, sino que le dio cobijo. El 25 de julio, por el expedito procedimiento del robo a mano armada, el sumario que se instruía sobre el caso, fue sustraído por milicianos socialistas. Finalmente, en enero de 1937, se promulgó una amnistía respecto a los delitos cometidos con anterioridad al 15 de julio de 1936. Punto y final al asunto.

FUENTES:
Alfonso Saiz Valdivielso “Indalecio Prieto, crónica de un corazón”.
Diego Martínez Barrio “Memorias”.