¿Qué beneficio le reporta al Tiburón Cántabro que España se convierta en una Confederación de "nacioncitas" que dificultarán la extensión de sus editoras?
(del hilo: Que me lo explique porque no lo entiendo).
- Por ansias de poder. Aunque se trate de un poder efímero.
- Por malignidad.
- Por estupidez.
- Por ánimo de venganza.
A lo largo de los últimos 30 ó 40 años hemos visto como las barreras que nos aislaban del exterior han ido cayendo, pero al mismo tiempo también hemos visto surgir teóricas (y no tan teóricas) fronteras interiores, a causa de que las sucesivas generaciones han venido siendo formadas atendiendo a vengativas y estúpidas diferencias locales. Diferencias opuestas a cualquier ligamento o empresa común nacional.
Muchos fundan la aversión hacia la común identidad y sus símbolos como reacción a su empleo por los chovinismos no menos atávicos de la dictadura, ligándolos en la búsqueda de su propio paraíso y a centurias anteriores. Yo no estoy muy seguro de ello y, en cualquier caso, esa responsabilidad correspondería a nuestros padres o abuelos.
Pero... estamos en nuestro tiempo y no podemos desprendernos de nuestra propia responsabilidad. Ya no estamos en el patio del cuartel y, no obstante, desde la extinción del Régimen acá nadie ha sido capaz de emitir una sola idea que dignifique y consolide entre sus contemporáneos el sentimiento nacional, el de proyecto y labor conjunta. Han estado muy entretenidos los unos intercambiando cromos, consejerías, prebendas y los otros, escurriendo el bulto.
Yo no reniego de la parte de responsabilidad que me toca en el asunto, pero aunque trate de pergeñar aquí esa idea, me sobran palabras y me falta inteligencia.
Para erradicar el repudio a la identidad propia, a los valores que sin ninguna duda posee la nación como conjunto, es precisa una mínima formación cultural y moral de los individuos. Pero en cambio durante décadas los sistemas educativos han tendido a que lo mínimo sea insignificante.
Hoy, en el País Vasco, es imposible conseguir que los alumnos reciban formación académica en idioma español si no es recurriendo a centros educativos privados. Otro tanto ocurre en Cataluña; Galicia le sigue los pasos y a poco que se lo propongan, en Andalucía se inventarán un idioma propio y decretarán que como prenda de obligatorio uso la chilaba.
En los primeros cursos educativos (que son precisamente los más críticos) el conocimiento del medio versa sobre el Urumea, el Bidasoa y el Oria. No interesa para nada ni el Segre, ni el Ter, ni el Noguera Pallarés... ¡De historia ni pregunten! Resulta desalentador tocar superficialmente cualquier tema de literatura o filosofía con la mayoría de estudiantes de secundaria. El Arte es eso que hace la Bardem y el Almodóvar. Los clásicos son los Rollings Stones o, si me apuran un poco, Lynyrd Skynyrd.
Adoctrinada desde la más tierna infancia, contamos con una multitud adocenada, lista para aceptar las más disparatadas teorías. Nunca nadie les ha explicado qué es y fue España. Por interés, se guardarán mucho de explicarle en qué terminan los programas que hacen diferencia entre los naturales de Orio y los de Galapagar de la Sierra.
Es como si las ramas del árbol pretendiesen separase del tronco y aquél renegase de las raices. Ninguna de las partes de tal árbol pueden sobrevivir por separado y, mucho menos, conseguir tener las características de aquél.
Es paradójico que siendo hoy obligatoria (y cuasigratuita) la enseñanza hasta el ciclo secundario, el nivel de incultura sea en términos relativos superior al de generaciones anteriores, que se limitaban prácticamente al aprendizaje de las “cuatro reglas”.
La incultura impide a los individuos ser libres. Porque no es libre aquél que no posee noción de lo que es la libertad.
En esta tesitura es imposible hacer comprender a analfabetos funcionales que significa el verdadero patriotismo, lo que representan los símbolos nacionales, la necesidad de asumir el esfuerzo y cooperación comunes. Ya son de la secta y es poco menos que imposible sustraerlos su maléfica influencia.
Por eso no pueden comprender (ni lo comprenderán) que hayamos pasado en poco menos de cuarenta años del subdesarrollo a ocupar la séptima posición en la escala económica mundial. Una evolución notable si pensamos que no contamos con recursos naturales ni industriales relevantes ¿Qué no podríamos hacer si dispusiéramos de yacimientos minerales- fósiles de importancia o contásemos con potentes industrias?
El principal bien de una nación son sus individuos. De ellos dependen las iniciativas para lograr los recursos de desarrollo suficientes, no del gobierno ni del dictador de turno. Si mantenemos a los individuos sujetos a fábulas locales entonces, de nuevo, tendremos entre nosotros la escasez, la pobreza, las calamidades y a los abusos del poder.
¡Pues de eso se trata! Poder.
Para mantener el poder la casta dirigente nos educa deficientemente, nos mantiene mirando hacia el erial y nos alienta a reclamar diferencias cuanto más locales mejor. Es el viejo juego del divide y vencerás.
Esto no son teorías en modo alguno. Sufrimos hoy los efectos de ese nefasto sistema educativo a través -principalmente- de la generación de los años setenta. Resulta penoso escuchar a los políticos y deprimente constatar que una gran mayoría de la masa de la nación es descreída, inculta y falta de valores morales y cívicos.
Así no resulta extraño que la casta política parezca estar formada por orates dispuestos a emular el “gran salto hacia adelante” o la “revolución cultural” de Mao.
Puesto que la mayoría de los individuos tienen su misma precaria formación, les siguen embelesados, como si el duro trabajo diario de colocar, uno tras otro, los ladrillos que cimenten sólidamente el futuro de la nación pudiera ser sustituido por ideas banales o por los resultados de la liga futbolera.
Lo que en realidad toda esta gente anhela -y no lo sabe porque nadie se ha detenido a explicárselo- es un sistema de gobierno liberal en el que los sistemas de control y presión se reduzcan a la mínima expresión pues, si la injerencia estatal es mínima ¿quien precisa a los nacionalismos?
Y lo más ridículo de todo es que nadie cuenta con que si tales fuerzas centrífugas acaban en implosión, ninguna será viable (al menos viable en el sentido de preservar las libertades personales) porque faltaría lo más importante: la financiación de los caprichos localistas. Llegados a ese punto de ruptura, cada una de las nuevas nacionalidades emergentes tendrían el mismo peso económico y político a nivel mundial que pueden tener hoy Guinea Ecuatorial o Senegal.
Ningún sentido práctico ni económico guía a los independentistas ni avala el ideario (si es que tienen alguno) de quienes abjuran de la nación. Son unos personajes ridículos, jugando ser los hijos de Witiza y dispuestos, como aquéllos, a permitir la invasión musulmana con tal de vengar pueriles afrentas a sus locas ideas y sueños localistas
¿Qué no ven afrentas en todas partes? ¡Yo no soy un ciudadano normal! se escuchó estos días por Maketonia.
Al igual que en los tiempos visigóticos, otra vez el islam amenaza nuestra integridad. Otra vez nos encontramos enzarzados y dispersos en absurdas disputas locales e, igualmente, seremos dominados por el totalitarismo fanático religioso.
Como ocurrió entonces, las elites han venido propiciando esta situación a causa de intereses tan particulares como pueriles y serán los primeros en sufrir las consecuencias más desagradables. Asimismo, los cómodos, los cobardes y los pusilánimes sufrirán también una opresión para la que no se hallan preparados en modo alguno. No les tengo lástima, se lo merecen.
Sólo los convencidos sobrevivirán. Pero lo harán como antaño; de una forma muy dura y guerreando contra los unos y los otros. Con toda probabilidad habrán de transcurrir algunas centurias hasta que todo vuelva a su cauce... ¡Y vuelta a empezar con Aitor y los maketos del paraíso!
¡Qué verde era mi Kantauri Republika Askatuta!





